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Fieles en cementerio
Sarita Colonia Zambrano, ungida como Santa por los pobladores del Callao, es una de las mujeres más veneradas del Perú, quien cumplió 94 años de honomástico y sus cientos de fieles le rindieron un homenaje en la Provincia Constitucional del Callao.

Esta mujer que murió a los 26 años aún no es santa, pero las pruebas de fe, confirman que hace milagros, tantos que las placas de agradecimiento ya no tienen lugar en las paredes de su mausoleo.

Al cementerio Baquíjano del Callao llegaron cientos de personas, la tumba de Sarita fue decorada con globos y flores, acompañado de música y mariachis.

Fieles aseguran que muchos milagros le han concedido, “no podía tener hijos, y aquí está mi hija” dijo
Cecilia, una de las fieles devotas.

Todo tipo de recuerdos se encuentran en el camino, para recordarla. Las hermanas de Sarita, que aún viven reciben el saludo de toda esa gente que hace larguísimas colas hasta llegar a su mausoleo y rezarle.

Su tumba se ha convertido en un santuario de la religiosidad popular marginal. Sarita expresa el último consuelo para gente que sufre mucho, expresan todos sus fieles.

Algo más

Sarita Colonia

Solo hay dos instrumentos físicos que corroboran la existencia histórica de aquella mujer llamada Sarita: una foto en la que aparece con su familia (que fue tomada en el ya desaparecido estudio Romero, Caridad 676-Lima); de allí se edita la imagen que ha servido para sostener el culto; y la partida de defunción (número 28, folio 56) que se encuentra en la división de registros civiles de la Municipalidad de Bellavista. No hay partida de nacimiento, ni de bautizo, ni certificados de estudio. Un hagiógrafo se las vería en serios problemas.

Lo que hay son miles de devotos agradecidos. También hay historias populares que le atribuyen actos milagrosos en vida, como la que recogió Fernando Ampuero en Caretas 803: “Un día la santita iba caminando por una callejuela del Callao, cuando le salieron por delante unos hombres. Querían robarle y le revisaron los bolsillos. No encontrando nada de valor, decidieron violarla. Ella no se resistió; les dejó que rompan su vestido y la tumben al suelo. Pero cuando esos hombres abrieron sus piernitas, no les quedó más remedio que persignarse. El sexo había desaparecido. No tenía nada entre las piernas: era como un codo. Nada”.

El hermano de Sarita, Hipólito Colonia, de 74 años, recuerda que en Lima ella trabajó como empleada doméstica y como vendedora informal de pescado y de ropa. Además, otras imágenes le vienen a la mente: Sarita a los doce años cocinando para los hermanos luego de que su mamá muriera. Sarita rezando en el oratorio de la vieja casa de Huaraz. Sarita con viruela, atada de manos por su padre para que no se rascara e infectara el rostro. Sarita dejando de comer para darle su plato a los vecinos pobres con más hambre.

Fuente:
Canal: Panamericana Televisión

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