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Cada vez se siente más frío y nuestro cuerpo pide más abrigo, tener algo más caliente y reconfortante y una manera de alcanzar esto, es tomar una de las tantas variedades de sopas que tiene el Perú.

Desde pequeños muchos de nosotros, estuvimos acostumbrados a que el primer plato fuese la sopa con bastantes verduras, pollo y fideos, algunas en forma de letras o números y siempre con la sazón de la mamá o la abuela. Y más tarde, se descubre que estas sopas no sólo eran parte de nuestra niñez, sino que también son grandes representantes abanderados de la gastronomía de nuestro país. Por ejemplo, tenemos la sopa a la minuta, sopa a la criolla, el aguadito, el caldo blanco, chupes, que los hay de todo tipo y la gran variedad de sopas serranas, entre otras.

Asimismo, para calentarse también tenemos las cremas de zapallo, de champiñones, espárragos, y muchas otras que pueden estar acompañadas de pan tostado o de cualquier verdura.

Y no olvidemos el caldo de gallina, un suculento plato perfecto para un sábado o domingo muy temprano por la mañana después de haber tenido una buena fiesta de matrimonio, o de amigos o familiar.
Para esta temporada de crudo invierno, muchos restaurantes han elevado al rango de estrellas de la carta a las sopas como plato de entrada o contundente fondo para el día o la noche, como por ejemplo el aguadito de pato que es servido a cualquier hora. Lo mismo sucede con el menestrón, que al momento de su preparación, la cocina se inunda por estos fríos días con su tentador aroma, lo mismo ocurre con la delicada sopa criolla y el contundente chupe de camarones, que son los más pedidos por los comensales friolentos.

Gastón Acurio nos muestra el Menestrón


(Fuente: El Comercio)

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