El Corichanca en CuscoEl Coricancha o también llamado en quechua “Recinto del Oro” fue construida por orden del inca Pachacutec según los cronistas, en ofrenda al dios Sol y al cual dotó de muchísimos adornos y objetos de oro y plata.

En aquella época del Imperio Incaico, el templo estaba situado en el Hurin Cuzco, justamente donde hoy en día se encuentra la iglesia de Santo Domingo. Sus muros hasta cierta altura eran de piedra finamente labradas y después continuaban con adobe rematando en un artesanal techo de paja.

Cuando vieron este santuario los primeros europeos que llegaron al Cusco, quedaron deslumbrados ante tanta riqueza que guardaba en su interior, pues sus paredes estaban adornadas con láminas de oro puro hasta donde llegaba la piedra y en cada una de las hornacinas estaba ocupada por ídolos y objetos rituales refinadamente trabajadas en oro y plata nativa.

En el lugar más sagrado de este recinto el Inca ordenó la colocación de un disco de oro macizo con la representación del dios Sol, ubicando a su derecha la imagen del rayo y a su izquierda al dios Wiracocha, el creador del universo. Es así que a partir de ese momento, el Sol dejó de ser una divinidad exclusiva del grupo de los incas para convertirse en la religión oficial de todo el imperio.

Y no sólo el templo era dedicado al culto del Sol, sino que también curiosamente Pachacutec mandó que este Santuario custodiara los ídolos y huacas de todas las provincias conquistadas en los cuatro suyos. Entonces cuando un pueblo era sometido al Imperio, su principal ídolo era trasladado al Cusco y quedaba depositado en el Coricancha. Allí también se le respetaba y ofrecía sacrificios, pero también podía ser usado como un arma política cuando algún pueblo vencido se atrevía a revelarse. Entonces, los incas guardaban como rehenes a los ídolos de los pueblos conquistados.

La enigmática Sala de los Sacrificios

Sala de Sacrificios en el Coricancha en CuscoEn el templo existe un lugar llamado la Sala de los Sacrificios, la cual está ocupada por una sola roca de granito tallada con cuatro puntas que recuerda a los cuatro suyos del Imperio.

El Sumo Sacerdote sacrificaba sobre esta piedra una llama negra en los días más sagrados del año, invocando la protección del sol para el Inca y la familia real.

También este cuarto servía para que el gran sacerdote se comunique con las divinidades del cielo. Para ello, se apartaba del mundo para beber extraños alucinógenos hasta caer en un trance durante el cual el sol hablaba por su boca anunciando los acontecimientos del futuro. Es en esos momentos que el sacerdote poseído por el espíritu del Sol se convertía en el Huillac huma es decir “Las cabeza que habla” y sus palabras eran un mandato sagrado para los gobernantes del Tawantisuyo.
En el santuario también se encuentran otros recintos que estuvieron dedicados a la veneración de las estrellas que eran vistas como hijas del sol y de la luna. Sus paredes estaban decoradas con objetos de oro fino y en el centro del cuarto construyeron una estrecha ventana orientada hacia el planeta Venus al cual ellos lo llamaban Chasca o Centinela del Sol. Por ahí podían observar los movimientos de las estrellas en el firmamento y descubrieron una de las constelaciones más importantes, además que lograron establecer la diferencia entre planetas y estrellas.

Esa ventana, según los cronistas, estuvo ricamente ornamentado con oro y piedras preciosas de distintos tamaños, así como incrustadas en la pared que fue necesario romper la roca con martillos de hierro para arrancarle sus tesoros.

El Coricancha en las sombras

El Coricancha y la iglesia Santo DomingoMuchos años posteriores a la conquista, los sacerdotes dominicos se instalaron en el Santuario y mandaron cubrir los muros incas con una gruesa capa de yeso sobre las cuales pintaron una variedad de motivos religiosos, con el motivo de que los indios olvidaran el antiguo significado del templo.

Y a pesar del tiempo, las piedras se han mantenido firme tal como las dejaron sus constructores. El Coricancha se mantiene “dormido para siempre” bajo las hermosas torres y claustros del convento de Santo Domingo. Sus recintos se encuentran vacíos, pero se mantiene el recuerdo de los días de gloria del Tawantisuyo, como cuando el inca llenaba una pileta de roca en el patio principal, con chicha sagrada, para que su padre el Sol que pasaba a mediodía sobre el Cusco, se detuviera un instante para calmar su sed y continúe su camino por el cielo.

Los túneles subterráneos del Coricancha en el siguiente vídeo:


(Fuente: documentales de Alejandro Guerrero; Foto: viajeros.com, shieldsaroundtheworld.com; Vídeo: Youtube- lucygtz)